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Los escrúpulos del sicario, publicado

Unos meses después de conseguir el premio «Emilio Alarcos Llorach», por fin se ha publicado Los escrúpulos del sicario, la última novela de José Miguel Martín de la Vega que ya comentamos anteriormente, una lectura muy recomendable.

Reseña:

escrupulos_sicarioUn sicario en horas bajas recibe de sus jefes el encargo de buscar al ladrón de un alijo de cocaína para matarlo. Así arranca una novela en la que tan interesante como el desarrollo de este planteamiento es el análisis del progreso que lleva a un hombre normal -que cualquiera conderaría normal- a convertirse en un asesino a sueldo. Novela negra, sobre mafias y ajustes de cuentas, de narración eficaz y dura -que en ocasiones recuerda al primer Cela-. y en la que prima el suceso y la inmediatez; todo ello comprometido con una realidad sociológica y urdido en torno a un protagonista maravillosamente trazado desde la perspectiva de su moralidad.

Ya estáis tardando en ir a la librería a comprarlo (y leerlo, claro).

La última pregunta

Aprovechando que hay unos cuantos empeñados en que un agujero negro nos va a devorar dentro de pocos días, no está de más recordar (y recomendar) uno de los mejores cuentos de ciencia-ficción de todos los tiempos: La Última Pregunta, escrito por Isaac Asimov.

[Descargar].
¡Que lo disfrutéis!

Mantenimiento

Seguimos cerrados por mantenimiento mental. Esperamos ajustar pronto todas las neuronas para continuar escribiendo tonterias por aquí.

homer-brain

Hasta entonces, pueden ver algunas de las lecturas interesantes que comparto en Google Reader, o lo poco que suelto en el Twitter cuando me acuerdo de él.

Lealtad incondicional

Como cada semana, merece la pena leer la columna de Pérez Reverte en su Patente de Corso. En esta ocasión dedicada a una anécdota sobre los perros y su lealtad, justo cuando yo he perdido pierdo una de esas lealtades incondicionales.

Como su web no destaca precisamente por su usabilidad, y me apetece compartir la columna, le fusilo el texto directamente:



ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 1 de Junio de 2008

Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.

Todo esto viene a cuento porque acabo de darle un repaso a El Valle de la Muerte, un ensayo de Terry Brighton sobre la carga de la Brigada Ligera durante la guerra de Crimea. Aquello, más conocido por la carga entre los que están en el ajo, es asunto que algunos frikis de la materia –los periodistas Jacinto Antón y Willy Altares, mi compadre Javier Marías, yo mismo y algún otro– cultivamos, desde hace muchísimos años, como materia de reflexión y tertulia, sobre todo a la hora de comparar la leal actuación de los lanceros, dragones y húsares ingleses aquel 25 de octubre de 1854, dejándose el pellejo bajo la artillería rusa, con la criminal incompetencia de los mandos británicos que ordenaron el ataque, notorio entre las grandes imbecilidades militares de la Historia.

La historia es conocida: cinco regimientos de caballería británicos cargaron de frente contra una batería rusa, a través de un valle de kilómetro y medio de largo, batido a la ida y a la vuelta por fusileros y artillería. De seiscientos sesenta y seis hombres volvieron a sus líneas heridos o ilesos, muchos a pie y todos bajo fuego enemigo, trescientos noventa y cinco. Hasta la suerte de sus caballos se conoce: de los pobres animales que montaron los ingleses, galopando entre el estallido de las granadas o sueltos luego por el valle enloquecidos y sin jinete, murieron trescientos setenta y cinco. Ni siquiera los famosos versos de Tennyson, que varias generaciones de escolares aprendieron de memoria –«Media legua, media legua / media legua más allá...»–, pueden embellecer el asunto. Fue una carnicería en el más exacto sentido de la palabra.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de perros. Porque lo que pocos saben es que, ese día, dos perros cargaron también contra los cañones rusos. Se llamaban Jemmy y Boxer, y eran, respectivamente, las mascotas del 11o y del 8o regimientos de húsares. Los dos canes habían acompañado a sus amos desde sus cuarteles de Inglaterra, y estaban en el campamento británico cuando se ordenó a la Brigada Ligera formar para la carga. Así que, como tantas otras veces en desfiles y maniobras, los dos fieles animales acudieron a colocarse junto a las patas de los caballos de los oficiales, dispuestos a marchar al mismo paso, sin obedecer las voces de los soldados que les ordenaban apartarse de allí. Después sonó la corneta, empezó la marcha al paso, luego al trote, y cuando, bajo intenso fuego de artillería, se pasó al galope y sonó el toque de carga, con las granadas reventando, hombres cayendo por todas partes, estruendo de bombazos y caballos destripados o sin jinete, Jemmy y Boxer siguieron corriendo imperturbables, junto a sus amos, en línea recta hacia los cañones rusos.

Parecerá increíble para quien no conozca a los perros. Esos chuchos cruzaron todo el valle de Balaclava entre un diluvio de fuego –«Hasta las fauces negras de la Muerte, / hasta la boca misma del Infierno»– y permanecieron junto a los húsares, o lo que quedaba de ellos, mientras éstos acuchillaban a los artilleros enemigos y morían entre los cañones. Después regresaron despacio, al paso de los caballos maltrechos que traían a los supervivientes, junto a hombres desmontados o heridos que caminaban y caían exhaustos, entre el tiroteo ruso y los disparos de quienes remataban a sus caballos moribundos ante de seguir a pie. Tres largos kilómetros de ida y vuelta. Jemmy y Boxer hicieron la carga junto a los primeros caballos de la brigada y regresaron a las líneas inglesas con el primer hombre montado de sus respectivos regimientos que volvió a éstas: Ileso Boxer, sin un rasguño; herido Jemmy por una esquirla de metralla en el cuello. Y ambos, acabada la campaña, regresaron a Inglaterra y murieron viejos, honrados y veteranos, en su cuartel.

Ni Tennyson ni poeta alguno hablaron nunca de ellos, ni en el poema famoso ni en ningún otro maldito verso. Por eso he contado hoy su historia. Para decirles que por el Valle de la Muerte, cargando contra los cañones con la Brigada Ligera, también corrieron dos buenos perros valientes.

Palomitas de cine

¿Quieres una palomitas perfectas para esas sesiones de cine en casa? En el nuevo blog para frikis Sofaguru (otro más???) ofrecen una receta maestra. Habrá que probarla :)

Cine Público

Desde hace unas semanas, el periódico Público regala los viernes una película (precio total 1€). No son obras maestras, pero mantienen un nivel bastante aceptable; y como me he ido apuntando en un calendario de Google las entregas para no olvidarme de ellas, lo pongo por aquí por si le resulta útil a alguien.

Cine Público: XML | ICAL | HTML



Feliz día del libro

Cada libro es un mundo; cada lectura, una expedición.

Unas recomendaciones para este día:

romeu_dialibro

Pecadillo venial

Disfutrar un chocolate con churros en El Castillo...

Fool's Day en Google Calendar

Estos tíos de Google son unos cachondos. Si usas Google Calendar (solo la versión en inglés, supongo) y quieres crear un nuevo evento aparecerá un nuevo botón con el famoso "I'm Feeling Lucky".

GCalendar Fool's Day 1 GCalendar Fool's Day 2

¿El resultado? Quizás una cita con Angelina Jolie. No está nada mal. Aunque quizás seas menos afortunado y tu cita sea con George Bush.

Que nadie se olvide que hoy es el Fool's Day, no se vaya a tragar alguna "noticia" sorprendente.